¡Bienvenido a Irán!
- Peregrino Errante
- 6 jun 2022
- 3 Min. de lectura
Llego a la terminal de Tabriz. Son las siete y media de la tarde y tengo que cruzar la ciudad para llegar a la casa de mi anfitrión. No sé ninguna palabra en Farsi (o persa), no tengo Internet y las letras de todos los carteles para mi no son letras, sino un conjunto de líneas azarosas salpicadas de puntitos. Bajo del bus con mi mochila e inmediatamente me rodean distintos taxistas y empleados de empresas de transporte ofreciéndome sus servicios, o eso supongo al menos ya que no escucho más que balbuceos indescifrables. Un poco desconfiado y aturdido me alejo de ellos. Necesito hablar con alguien, necesito ayuda. Son mis primeros pasos en Irán, en una ciudad de más de dos millones de habitantes y absolutamente incomunicado.
Me dirigí al edificio de la terminal en busca de algún ser que ayude a este peregrino argentino extraviado en la otra parte del mundo. Necesitaba alguien que me de información de confianza, no podía equivocarme. Veo un soldado del ejército iraní. Si la policía turca me había ayudado en el Kurdistán turco ¿por que no habría de ayudarme un soldado del ejército de la República Islámica de Irán? Hacía él me dirigí.

A decir verdad, muchos pensamientos me atormentaron en el corto tiempo que pasó hasta que comencé a hablar con el soldado. Empecé a recordar las incontables veces que me advirtieron, antes de partir, sobre lo peligroso que podía resultar Irán. Cuantas veces me dijeron que no era una buena idea, que elija otro país para viajar, que aquí solo podía encontrar violencia, balas y terroristas, que yo estaba loco. Hasta un viejo hombre turco, un dia antes de cruzar la frontera me dijo “tené cuidado con los iraníes, son traidores y tienen agentes en todos lados.” ¿Y si tenían razón? ¿y si estaba loco realmente? ¿había sido una buena idea llegar aquí solo y sin entender nada?¿ era yo un suicida?. Un poco mareado y con una sensación de inseguridad un poco molesta, alimentada por cada advertencia pasada, aún así me mantuve firme, seguí adelante y pregunté al soldado como podría llegar a mi destino y cuanto podría costar el taxi hacia allí.
No voy a ahondar en detalles, solo contarles que el soldado hablaba inglés afortunadamente, me llevó a su oficina, me sentó en una silla frente a su escritorio, abrió un cajón, sacó un teléfono y me dijo "este es mi teléfono personal, los taxis de afuera son más costoso así que te pediré un Snapp (Uber iraní) para que llegues a donde quieres ir". Salimos juntos caminando hacia fuera de la terminal para esperar el auto. En el trayecto me ordenó "no le des dinero al conductor, yo ya pagué por ti el viaje", me sorprendió su afirmación, la cual con el correr de los días entendí que sería algo cotidiano en este país Insistí en darle el dinero pero se impuso el autoritario NO. Amir, el soldado iraní, me contó que había terminado sus estudios de ingeniero y estaba terminando el servicio militar, estaba casado y quería construir una vida y una familia tranquilo con su esposa. Me pidió sacarnos una foto, el contacto ( a lo que unos días después me escribió para salir de paseo con él y su compañera), me abrió la puerta del auto y se despidió de mí sonriendo y con la siguiente frase "Irán tiene buenos lugares, buena comida y buenas personas ¡Bienvenido a Irán!

Desde mi arribo a Tabriz ha pasado ya casi una semana. Ahora escribo estas palabras sentado bajo un árbol en la casa de Aref, ubicada en la jungla subtropical de la provincia de Gilán, cerca del mar Caspio. Estos días en Irán han sido la reproducción constante de mi experiencia con el soldado. No he hecho mas que compartir momentos con la gente de aquí, comida y palabras. Con sólo hacer una pregunta en la calle, salir a la ruta mostrando tu mano (aquí el gesto de levantar el dedo gordo en la ruta no tiene el mismo significado), o sentarte solo en un café, alcanza para recibir una invitación a comer, tomar el té con la familia o invitarte a dormir y estar unos días en sus casas. Me habían hablado de la hospitalidad iraní pero nunca imaginé que sería tal como lo vivo aquí cada día.

En unos días comienzo a dirigirme hacia el sur del país. Zona desértica donde se pronostican temperaturas de entre 38 y 50 grados. Todos los días los cortoplacistas planes que decido cambian, debido a distintas circunstancias y encuentros inesperados, por lo que no podría adelantar a ciencia cierta mis próximos destinos. Irán no es como imaginaba. Irán no es lo que me dijeron antes de venir. Irán es un misterio y quiero descifrarlo.

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